Opinión

Cartas de los lectores

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Día de los Padres

Señor director:

Mi padre murió en 1978, víctima de una enfermedad a los 54 años, y ahora que tanto abundan los padres sin un ápice de criterio de lo relevante que es ser  cabeza de familia, irresponsables,  matones de mujeres, violadores sexuales de sus hijos, lo recuerdo frecuentemente, por su responsabilidad, su honestidad, su amor  filial… Éramos 8 en la familia, él,  mamá y 6 hijos,  4 varones y 2 hembras, y  nos cuidaba con esmero. Generalmente nos aconsejaba, y tan largos eran sus consejos que a veces preferíamos las pelas de mamá, y que conste, esa mujer no era fácil y por más que huyéramos y  nos escondiéramos  cuando  aparecíamos como el perro arrepentido, nos la daba.

En esa época, las fiestas eran en las casas y cuando le pedíamos permiso a mamá, ella nos decía: “Díganle a su pai”,  y si acaso nos lo daba, él, muy serio, nos advertía que hasta las 10 de la noche.

Yo atendía más a preguntar la hora que a bailar, y cuando era casi la hora, atacaba a mi hermana Mercedes (a quien le fascina bailar), pero siempre se quedaba, y yo la dejaba dando cambio de pie. Por el camino me encontraba con papá y su vara, y me preguntaba: ¿Dónde está Mercedes?  Yo le respondía: “La dejé bailando”.  La traía todo el camino dándole varazos y cuando entraba al cuarto ya yo estaba acostada, y le preguntaba: ¿Cuántos varazos te dieron? Me cortaba los ojos y me decía que “un gustazo un trancazo”.  No conforme, no podíamos pedirles permiso  para las  próximas dos fiestas, Mercedes por desobediente y yo por ser más vieja que ella y dejarla en la fiesta.

Todos íbamos a la escuela República de Haití, que nos quedaba muy cerca. Solo teníamos que cruzar la Padre Castellanos (la 17). Todos los años compraba los libros, para los mayores, mi mellizo y yo,  y nos decía: “Tienen que cuidarlos, no los pueden rayar ni romper, pues con esos mismos estudiarán los que les siguen a ustedes,  y los de cualquier vecino que no pueda comprarlos”. No es posible olvidar a un padre así.

Felicidades de corazón  a los padres buenos, buenísimos y excelentes, que aún nos quedan.

 Atentamente,

Lic. Teresa Gómez

Santo Domingo

El Nacional

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