Opinión

Cartas de los lectores

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Enfoque semanal

 Señor director:

Sin lugar a dudas que uno de los consorcios empresariales de mayor importancia y prestigio con que cuenta el país, es el Central Romana, nuestro mayor productor azucarero y único fabricante de refinos que en la actualidad existe, luego del colapso de la industria azucarera estatal.

La mejor prueba de ello es su diversificación, abarcando el turismo, el negocio inmobiliario, el ganado, el furfural y la ganadería, lo que le convierte en un gran productor de riquezas, cuyos beneficios comparte con sus obreros luego de cumplir religiosamente sus obligaciones fiscales.

Por eso lucen destempladas y fuera de lugar las críticas lanzadas por el dirigente comercial René Japa, pretendiendo responsabilizar a los ejecutivos del Central Romana de la momentánea escasez de azúcar refinada  en el mercado nacional, que es obra de la coyuntura, porque hasta el próximo  diciembre no comienza la próxima zafra, mientras el consumo casi se ha duplicado en los últimos años.

Ha hecho muy bien el director ejecutivo del Instituto Azucarero Dominicano, entidad reguladora de la industria del ramo, por boca de su director azucarero, Faustino Jiménez, quien ha salido a responder las desaforadas críticas y los exagerados vaticinios del señor  Japa.

La verdad monda y lironda es que si el quintal de azúcar hoy alcanza un sobreprecio cercano a los 600 pesos el quintal, no es porque el central Romana haya dejado de entregar su producción directamente a sus clientes habituales, como hace regularmente, sino ha que hay comerciantes, federados, asociados o independientes, que prefieren dedicarse a la especulación con el dulce que consiguen, antes de colocarlo en los canales de distribución.

Por eso el licenciado Jiménez se mantiene atento, y ha autorizado a comerciantes tradicionales, la importación de pequeñas partidas de azúcar blanca, procedentes principalmente de Brasil.

Con la  elocuencia de los números, el director  de Inazucar se mantiene atento, para impedir que la misma se vaya de las manos y nuestras amas de casa tengan que pagar 25 o 30 pesos por una libra del dulce refinado, situación que se origina en el afán de lucro que exhiben muchos de nuestros pulperos, que paradójicamente más especulan, mientras más pobres son.

Atentamente,

Julio César Jerez Whisky

Santo Domingo

El Nacional

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