El concubinato
Señor director:
Es censurable que el concubinato haya alcanzado rango constitucional durante las modificaciones que introduce la Asamblea Revisora a la actual Carta Magna, debido a que tal figura jurídica introduce un elemento que contribuye a la desintegración de la familia.
Se trata de un simple enunciado en la nueva Constitución, donde se le conceden derechos de partición y sucesorales a las uniones libres, sin limitar el alcance de tales prerrogativas, cuando exista un matrimonio sólido, con descendientes legítimos.
Por ejemplo, hay situaciones en las cuales un hombre tiene una amante por largo tiempo y oculta la existencia de su matrimonio y, en el hipotético caso de que el esposo falleciera, la concubina podría intentar reclamar derechos del patrimonio creado por la esposa y afectaría los derechos sucesorales de los hijos.
Era prudente concederle derechos a la concubina mediante una ley que regulara las uniones consensuadas entre hombre y mujer, porque en la actual legislación el concubinato no tiene ninguna protección jurídica, ya que la legislación busca proteger a la familia, que es la sociedad más pequeña que existe.
Es injusto que un concubinato público y notorio, de larga duración, no genere derechos para la pareja. Hay casos que los jueces han rechazado demandas en partición de concubinas, porque la Ley no le otorga ningún reconocimiento.
Decía el profesor, doctor Manuel Bergés Chuppani, que, en una ocasión, siendo él presidente de una Corte de Apelación, una concubina reclamaba derechos después de una unión de más de 30 años con un hombre. Que durante ese período ellos crearon un patrimonio de varios millones de pesos y que, lamentablemente, los jueces le comunicaron a la mujer, mediante sentencia, que ella no tenía facultad para demandar, porque la Ley no protegía al concubinato.
Atentamente,
Dr. Hugo A. Ysalguez
Santo Domingo
***
La oración
Señor director:
Aunque parezca desfasado, escribo para recordar a los lectores del diario la importancia de la oración, sobre todo en estos tiempos tan convulsos. Señores, hay que ponerse al día con Dios.
Atentamente,
Julia Carvajal
Santo Domingo
