¿Borregos?
Señor director:
En una espontánea manifestación de unidad para exigir el cumplimiento de un compromiso de carácter legal y humano, la mayoría de los lectores de El Nacional se habrá sorprendido, igual que yo, de la opinión editorial del periódico mas independiente, responsable y plural de la República Dominicana.
El editorialista señala que no existe un plan establecido que diga en qué se gastaría la sumatoria del 4% del PIB, en caso que el gobierno y el Congreso cumplieran con la Ley 66-97 y la Constitución.
A los que estén o se hagan estar confundidos, me permito esbozarles algunas necesidades, atendiendo a mis consideraciones, si se desea mejorar la calidad de la educación:
-Mejorar la calidad de vida y de trajo de los educadores y educadoras.
hacer que la educación sea verdaderamente gratuita, dotando al estudiantado de uniforme, útiles en general, transporte, alimentos y demás.
Adecuar las aulas existentes y construir miles de aulas y otros espacios nuevos y modernos.
Hacer nombramiento masivo de maestros y personal de apoyo.
Establecer la tanda única para los profesores. (un plantel podrá laborar mañana y noche pero nunca mañana y tarde.
-Disponer de almuerzo diario para los estudiantes, maestros/as y demás personal.
-Agenciarse su propia energía eléctrica.
Realizar un plan agresivo de capacitación docente.
Adecentar los concursos para posiciones.
Establecer el perfil para nombrar directores de centros y de distritos educativos.
-Multiplicar espacios y personal de educación inicial.
Crear un fondo para incentivar a los servidores mas destacados del sistema.
Poner en retiro con trato legal y humano a todo el personal que no asuma los cambios que propicie el sistema.
Crear talleres de ebanistería y herrería para suplir de asientos, escritorios, mesas, puertas y verjado de protección a los planteles.
No cabe descalificar ese amplio movimiento, independientemente de que se colaran políticos, politiqueros y otros personajes. Esa manifestación de unidad, es un aporte a la sociedad y a la lucha por mejores condiciones de vida. Siendo así, hay que decir: ¡Qué vivan los borregos!
Atentamente,
Lic. Santiago Martínez
Santo Domingo

