El gobierno
Señor director:
Con ansias esperábamos el 16 de agosto, y por fin llegó la toma de posesión del nuevo presidente, licenciado Danilo Medina Sánchez, y nos impresionó gratamente su esperanzador discurso, pero nos cayó un balde de agua fría a quienes teníamos los dedos cruzados para que quitara a los ministros, viceministros y funcionarios, que en vez de resolver los males, los dejaron crecer como la verdolaga. Si así no hubiera sido, el país sería un oasis, sin embargo, es tierra de problemas porque el nivel de desorden que se registra, no tiene precedentes.
A muchos de esos gerentes, con sobradas razones, los rechazamos, pues fue calamitoso su desempeño. Pero debemos reconocer que mucho más culpable que ellos es quien se hizo sordo, ciego y mudo, y, con esa actitud, por el hecho de no inmutarse, apoyó sus desmanes.
Ahora, algunos atónitos, nos preguntamos: ¿Por qué el presidente obvió que escobita nueva barre bien? ¿Cómo es posible que ratificara en los puestos y cambiara para otros estamentos a quienes nos dieron pelas de soberbia, de falta de ética, de deshonestidad e irresponsabilidad? ¿Son esos los únicos capacitados de que dispone el Partido de la Liberación Dominicana, PLD, un partido totalmente masificado?
Esos privilegiados, obviamente son un mal necesario en los cargos públicos y muy bien les encaja la frase de que mientras ellos respiren, que nadie aspire.
Ojalá reciban un curso intensivo de liderazgo, porque esos desfasados están en la jefatura y nos dieron muestra fehaciente de que son jefes y no líderes, y probablemente sigan en los mismos menesteres. Por eso no es ocioso recomendarles usar para el curso el libro De Jefe a Líder, la Metamorfosis de Francisco Roca, y, para que no cojan lucha, los remito a estudiar desde la página 98 hasta la 106.
Quizás cambian sus actitudes deleznables en contra de las legitimas aspiraciones de tanta gente sin acceso a una buena alimentación, a la salud y a una educación idónea, tres pilares para hablar de progreso, pero de este solo hacen gala los servidores públicos dueños del erario, y por doquier los vemos como pavos reales y haciéndose ignorar que hasta la belleza cansa y nada dura para siempre.
Atentamente,
Teresa Gómez
Santo Domingo

