Las primarias
Señor director:
Si se quiere que las primarias de los partidos transcurran como debe ser, sin incidentes y con mucha transparencia, hay dos soluciones que están a la mano.
Una de ellas es la estricta vigilancia de los fondos que reciben los candidatos y los partidos.
La otra es que la Junta Central Electoral ejerza la autoridad que le confieren las leyes y se ponga a supervisar esos procesos para que los candidatos y los organizadores sepan que tienen que rendir cuentas no sólo a los dirigentes de sus respectivos partidos, sino también al tribunal superior que en materia electoral existe en el país.
No es que uno esté diciendo que todos los políticos son tramposos, pero sucede que es demasiado grande la tentación para muchos de ellos, que no son tan serios ni de principios morales muy firmes.
Ser diputado o senador es colocarse ante una mina de dinero y de la autoridad para dar empleo.
Las posiciones en los cabildos no son menos atractivas; oportunidades de viajar, muchos recursos y en la mayoría de los casos, buenos sueldos.
Si se sabe que muchos harían lo que sea por conseguir esas posiciones, es preferible evitar que lleguen a hacer lo que sea.
¿De qué modo? Con la vigilancia institucional.
Atentamente,
Juana Mendoza
Villa Altagracia
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Los escándalos
Señor director:
Los funcionarios tienen que cuidarse de los escándalos, porque, verdad o mentira, dañan sus propios nombres y los nombres de las instituciones que ellos tienen la responsabilidad de representar.
Cuando hablamos de funcionarios, nos referimos a funcionarios nombrados y también a funcionarios electos.
Los diputados y los senadores, por ejemplo, en los últimos días han dado motivo a muchos escándalos.
Particularmente, no creo que Elso Segura sea hombre de escándalos, al menos, no de los escándalos que se le atribuyeron por un medio de comunicación, pero como de los legisladores todo el mundo habla y casi siempre con razón, alguien quiso sacar un buen caso y usó el nombre de este legislador. Es la responsabilidad que hay que reclamar a todos.
Atentamente,
Ramón Corporán
Santo Domingo
