El sistema educativo
Señor Director:
Está en boga, como otras veces, el debate sobre la triste realidad de nuestro sistema educativo. Y no es para menos, porque, si es verdad, como así lo creo, que la educación es la llave que abre el camino hacia el desarrollo, también creo que es una gran mentira que con los recursos actuales dedicados a la misma, podremos lograr lo que pretendemos.
Para muestra de lo que afirmo, veamos los porcentajes del Producto Interno Bruto (PIB) que algunos países que América Latina invierten en la educación, convencidos de que ella es el eslabón fundamental para el progreso:
Paraguay, invierte el 12%; Bolivia, el 6.6%; Argentina, 6.47%; México: 6%; Colombia, 5%; Uruguay: 4.5%; Chile; el 4.5%.
Mientras tanto, República Dominicana solamente invierte el 2.8%.
Como se ve, tenemos que llegar a la conclusión de que la culpa del problema no es de quien ocupa el Ministerio de Educación ni de quien lo sustituya, es un asunto del sistema.
Si tomamos por ejemplo el momento actual, ¿qué más puede hacer el licenciado Melanio Paredes? ¿Cómo se gana una batalla o una guerra sin armas, y con soldados atados de pies y manos?
Es aquí donde debe prevalecer la firme voluntad política de los gobernantes de turno, y el reclamo militante de nosotros como pueblo para que se cumpla con el 4% que por ley corresponde a la educación, y nos quedamos cortos. Si queremos desarrollarnos como país, lo contrario sería soñar.
Tengo sesenta y cinco años de edad, a los cinco, la querida y siempre bien recordada profesora Casandra me alfabetizó en mi inolvidable pueblo de Enriquillo, debajo de una mata de almendra y otra de mango, sentado en una sillita de guano. Para ese entonces, mis padres le pagaban cinco centavos semanales.
¿Quién nos iba a decir que en nuestro país, sesenta años después, para no ir más lejos, todavía estaríamos impartiendo docencia debajo de los mismos árboles por falta de aulas, equipos y sueldos adecuados a los maestros?
¡Qué pena! ¡Qué vergüenza! «Avanzamos». ¿Y no dizque estamos en la era del avance tecnológico? ¿Cómo podremos salir de la pobreza si no nos educamos?
En la oscuridad no se camina, se tropieza.
Atentamente,
Lic. Arturo Samboy
Santo Domingo

