Opinión

Cartas de los lectotores

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Cartas

Labor de los padres

Señor director:
El trayecto que lleva hoy la generalidad de los integrantes de la sociedad dominicana en cuanto a su proceder, no es el que quieren aquellos que consideran que el camino a seguir a nivel de conducta, debe ser otro, muy distinto al actual que no pinta nada halagüeño.

Sin mucho esfuerzo nos damos cuenta que por la manera de actuar de amplios sectores sociales, se impone dedicarle toda la atención posible, el cuidado necesario a nuestra niñez, para lograr de ella lo mejor que podamos sacar, con la educación doméstica.

Los padres deben ser perseverantes con los niños; estar pendientes de sus actuaciones; escucharlos, mantener aguzadas las orejas; muy finos los sentidos; no quitarles los ojos de encima, en sí, sobre ellos tener puestos los cincos sentidos, porque distraerse, no hacer caso a sus actos equivale entregarlos a la voluntad de aquellos con los que les es fácil juntarse.

El hogar debe convertirse en un centro de formación originaria, dirigido con sentido especial; desempeñando los progenitores el papel fundamental con sus consejos, advertencias y observaciones. Más que papá y mamá, los padres tienen que ser consejeros, asesores, mentores, guías e inspiración.

Por necesidad, forzosamente estamos obligados a motivar a los padres para que desde lo más profundo de su corazón, saquen comprensión, dulzura y ternura; desarrollen estimación, suavidad y zalamería, y se las transmitan a sus chiquillos para lograr que reciban con agrado los mensajes que les dirijan.

Los padres pueden con su prédica dulce y reiterada, alcanzar que en el mañana nuestro país tenga en su seno mujeres y hombres que actúen con el convencimiento de que solamente la persona útil tiene significación, merecimiento en la comunidad donde vive.

Si orientamos a nuestros chiquillos en el sentido de que deben levantarse como ciudadanos y ciudadanas de ayuda, de rendimiento para la colectividad, vamos a contar con colaboradores, auspiciadores modelos para servir, entregados a las buenas causas.

La infancia nuestra hay que educarla para que crea en el rendimiento como objetivo, para que en el futuro sea dueña de una patria próspera; de mujeres y hombres abrazados al trabajo, al desarrollo como forma de accionar con eficacia. Allí donde están los prácticos, positivos y valiosos, escasean los infructíferos. A un nene es posible enseñarle a ser en el mañana un adulto de bien.

Atentamente,
Ramón Antonio Veras

El Nacional

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