Editorial

  Caso raro

  Caso raro

No por vivir en un país donde al peso le dicen tolete, hay que aceptar como bueno y válido que un preso al que se quiso encartar en una matanza  deambule abandonado a su  suerte  por  su custodia.

Frederick Medina Abud, condenado  a 20 años por la comisión de un homicidio, fue requerido por un juez para una diligencia procesal en el Palacio de Justicia, al término de la cual desapareció el policía  encargado de retornarlo a la cárcel de Najayo.

El recluso, aún esposado, tuvo que  realizar diligencias en la cercanía  del edificio judicial hasta lograr que un autobús lo devolviera a su celda.

Sin importar la identidad, peligrosidad o categoría de ese interno, su extraño  abandono en Ciudad Nueva constituye un escándalo mayúsculo que da abasto a todo tipo de conjetura, incluida la de que pudo tratarse de algún plan para asesinarlo.

Medina Abud, un ex mayor de la Policía, no cree que  el raro  extravío formara  parte de alguna trama  para atentar contra su vida, pero no hay forma de explicar que un policía regrese al cuartel sin  el presidiario que se le asignó en custodia.

Vale resaltar que   el Ministerio Público   acusó  al ex oficial de participar en  el   asesinato de siete extranjeros en  Paya, Baní, en un caso de tumbe de drogas, en  el que también se involucró a oficiales de la Marina de Guerra.

Aunque  Medina Abud fue exluido de ese expediente al comprobarse que no tuvo participación en los hechos, fue condenado por  un tribunal de primera instancia a 20 años de reclusión por la muerte de Toribio Pittini Montero, en  Los Ríos.

Las autoridades no deberían degradar este grave suceso a  categoría de   caso   cotidiano, porque no es frecuente que un preso de ese nivel sea abandonado a su  suerte  en el Palacio de Justicia.

Se requiere de una investigación seria y exhaustiva que despeje el mal olor.

El Nacional

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