Las organizaciones políticas de la derecha tradicional, cuyo sistema político les da todo tipo de soporte, están en una profunda crisis por su ilegitimidad
Si aún permanecen en pie es por la desarticulación del movimiento obrero, campesino y estudiantil, que irrumpió con vigor en la década de 1960, luego del tiranicidio.
La izquierda logró vincularse a ese movimiento y orientar sus luchas, pero se atomizó debido a errores políticos, vacilaciones ideológicas y a los 12 años de represión balaguerista.
Muchos de sus dirigentes, al colapsar el llamado socialismo real, representado por la URSS y otros estados de Europa Oriental, se sumaron a la derecha tradicional.
Esa renegación ideológica no sólo debilitó orgánicamente a trabajadores y estudiantes, sino también a toda la franja revolucionaria y liberal.
Desde entonces, la dispersión del movimiento revolucionario y su entorno más progresista, ha permitido que un PRD y PLD cada vez más a la derecha, capten el voto útil.
Esos partidos políticos y grupos satélites son culpables de la imposición del modelo neoliberal y el impacto de la crisis económico-social sobre el país.
El PLD y PRD han contribuido a reforzar la dependencia respecto a los centros hegemónicos del capitalismo decadente.
Romper la cíclica alternabilidad en el poder de esa partidocracia corrupta y del gran capital, pasa por una recomposición de la izquierda.
Los que se abstienen de votar, que en ocasiones han superado el 40%, y el voto útil, son mayoría en la sociedad y pueden ser captados por una opción de izquierda.
Para lograrlo, las fuerzas alternativas a esa partidocracia deben reorientar sus luchas en torno a un programa antineoliberal que las unifique y haga suyas las aspiraciones populares.

