Opinión

CATALEJO

CATALEJO

Sin  lugar a dudas, las encuestas de preferencias electorales pueden medir con bastante exactitud la realidad investigada, si usan una metodología científica en su planeamiento y ejecución. Sin embargo, existen firmas que se prestan a la manipulación, adulterando deliberadamente los resultados de sus encuestas para convencer a los votantes de que sus patrocinadores van a ganar los comicios.

 El propósito es engañar a los ingenuos acerca de las posibilidades electorales de quienes pagan estas consultas, sumar los votos de los indecisos y de quienes sufragan siempre a favor “de los que van a ganar”.

 A la conducta pueril de esos temerosos “estrategas” electorales, los expertos hacen un símil con la del cazador que usa un fusil de alta precisión para cazar conejos dando golpes con la culata.

 Los que maquillan los datos de esas consultas parten del criterio infeliz de que los electores, sobre todo si son poco informados, pobres y marginales, son fáciles de manipular y votan siempre por los “vencedores”.

 Conceptualizan: “Si exagero mis posibilidades de triunfo, los que quieren votar por el ‘ganador’ votarán por mí”.

 Piensan que la difusión de resultados de encuestas falseadas tiene impacto en el equipo de campaña y en los financistas que pueden apostar más o menos a un candidato si parece ganador de la contienda.

 Cohesiona a los equipos mediáticos que los apoyan. Pero muchos de ellos no se dejan engañar con datos falseados y ubican los fraudes. La publicación de encuestas amañadas produce reacciones contradictorias. 

 Estas consultas de opinión se convierten en un boomerang al ser usadas para la propaganda mendaz. A sus autores les puede salir “el tiro por la culata”, y su optimismo puede ser acompañado de un total fracaso.

El Nacional

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