La derecha hondureña
La derecha política ha vuelto a extender sus garras contra la institucionalidad burguesa en Honduras. El intento del presidente Manuel Zelaya de convocar a un plebiscito para modificar la Constitución recrudeció las conspiraciones.
El poder judicial, el poder parlamentario y el militar, daban pasos para desplazar al Presidente.
El golpe de estado en ciernes fue sofocado por Zelaya, al llamar a los hondureños a enfrentar a los golpistas y al recibir la solidaridad internacional.
El discurso liberal de Zelaya; su amistad con Hugo Chávez; las visitas a Cuba y su posición independiente frente a la política del Departamento de Estado, dirigida desde Washington contra los gobiernos progresistas, motivan las conspiraciones.
Los afanosos tejemanejes de la derecha hondureña vienen siendo coordinados con la embajada estadounidense en Tegucigalpa.
Se trata de las nostalgias de los años ochenta, cuando el territorio de ese país era usado como enclave del terrorismo.
La base militar El Aguacate, instalada al este de la ciudad de Catacamas, Olancho, en los años setenta, rehabilitada en julio de 1983, fue centro de tortura; de asedio a la Nicaragua sandinista; a los revolucionarios guatemaltecos y salvadoreños, entre otros.
Para entonces, desde ese lugar secuestraban a sacerdotes, a monjas, a activistas sindicales, revolucionarios y a todas aquellas personas pertenecientes a sectores que Estados Unidos consideraba obstáculos para sus planes expansionistas y de sojuzgamiento.
La derecha que patrocinó todo eso, es la misma que conspira ahora contra el gobierno de Manuel Zelaya.
Los grandes medios prefirieron dar amplia cobertura a la muerte de Michael Jackson y minimizar lo que ocurría en Honduras. Así son.

