Las sustancias psicoactivas han sido usadas por el hombre desde tiempos inmemoriales, para procurarse alteraciones psíquicas y conductuales transitorias, en el marco de cultos ceremoniales o con fines terapéuticos.
Más recientemente, han sido utilizadas con fines de experimentar sus efectos psicoactivos y hedonistas, convirtiéndose en un grave problema sanitario a nivel mundial.
En nuestro país no existe un programa integral de prevención del alcoholismo para la población en general ni en particular para la afectada por esa grave enfermedad.
La lucha contra el consumo abusivo de alcohol y sus efectos debe ser asumida por todo el Estado, no de forma unilateral por el Ministerio de Interior y Policía, que usa sólo la represión.
Las medidas deben estar apoyadas en un marco legal y biopsicosocial que contribuyan a disminuir el consumo excesivo de alcohol, la embriaguez y sus consecuencias.
Ese programa integral de prevención, tratamiento y rehabilitación respecto al alcoholismo, debe descansar en una organización nacional y ser apoyado con un presupuesto adecuado.
La educación y orientación deben ser aplicadas masivamente, y en particular en centros educativos, dando a conocer los efectos deletéreos del alcohol en las esferas biológica, psicológica y social.
Instruir sobre las causas ambientales y hereditarias, las cuales juegan un papel relevante en la adicción al alcohol,
Siendo el alcoholismo tan devastador, el Ministerio de Salud debe constituir sin dilación una Comisión Nacional de expertos para estudiar el fenómeno e iniciar acciones sanitarias inmediatas.
El Congreso Nacional debe legislar en apoyo a esos esfuerzos y disponer de recursos para contrarrestar el impacto del alcoholismo y otras toxicomanías en nuestro país.

