El susurro del G-2
El jovencito pasa varios días en la cárcel solitaria, oscura y fétida. Luego de intensos interrogatorios, torturas físicas y psicológicas, es traducido a la Justicia por violar las leyes 6, 70 y 71, que prohíben la práctica del comunismo.
El G-2 del Ejército le instrumenta un expediente, que contiene una acusación grave: Conspirar contra la estabilidad del Estado. Las pruebas: Octavillas del 1J4 que incitan a la lucha armada para derrocar al Gobierno.
¿Cómo es posible acusar a este adolescente de distribuir octavillas contra el Gobierno que preside su excelencia Joaquín Balaguer -argumenta el procurador fiscal-, si las mismas están fechadas en 1963?
Preocupado, un oficial del G-2 vestido de paisano sube a estrado y susurra algo al juez; éste asiente con la cabeza y le indica que retorne a su asiento.
Este expediente es un mamotreto, insiste el fiscal una burla a la Justicia. En consecuencia, honorable magistrado, solicito que a este joven se le declare inocente y se deje en libertad.
Las personas que llenan la sala de audiencia no salen de su asombro. Por su lado, el oficial del G-2, como si tuviera un resorte bajo sus glúteos, salta de nuevo al estrado para susurrar algo al juez, pero éste en tono drástico le ordena:
¡Deténgase; baje de estrado y siéntese! ¡No vuelvas a interrumpir o de lo contrario ordeno que sea sacado de la sala! Después de recobrar la compostura, el magistrado dictamina:
Acojo en todas sus partes la solicitud del Ministerio Público y declaro inocente al acusado…
Una semana después, juez, fiscal y dos abogados de la defensa juegan una partida de Dominó en el patio de la residencia del primero y el ex acusado hace de anotador, como de costumbre.

