Opinión

Catalejo

Catalejo

Contra viento y marea, los golpistas hondureños y Estados Unidos mantienen en el poder al nefasto Roberto Micheletti, inspirados en su deseado desgaste del movimiento constitucionalista y del clamor mundial por el retorno del presidente Manuel Zelaya.

Ahora, legisladores republicanos y el belicoso Otto Reich, ex secretario de Estado norteamericano para América Latina y hombre de los Bush, hacen público su apoyo al gorilismo. 

Han reasumido el golpe de Estado para enfrentar a los gobiernos antineoliberales en América Latina, los cuales promueven cambios con equidad e inclusión de los sectores olvidados por gobiernos serviles al imperio.      

Para mantener el desconocimiento de la voluntad popular y el gobierno legítimo encabezado por Zelaya, la extrema derecha cuenta con la fuerza bruta, el intervencionismo militar imperial, su base de Palmerola y el dólar.

La interrupción constitucional en Honduras para darle paso a los poderes fácticos, constituye un ensayo del “método corregido” del golpismo, para enfrentar en la región las secuelas de la crisis económica capitalista global. 

La oligarquía hondureña y el ‘stablishment’ en EU promueven ahora la trampa del diálogo para ganar tiempo y tomar el oxígeno que les permitiría llegar a los comicios pautados para noviembre, por supuesto, bajo las botas militares. 

Piensan que después de las elecciones romperían el cerco internacional y el retorno a la “tranquilidad” forzada en Honduras, el segundo país más pobre del hemisferio occidental, después de Haití.

Todo esto me hace recordar la intervención militar yanqui de 1965 en nuestro país, las elecciones de 1966 zarandeadas por soldados con banderolas colorá en las bayonetas y la instalación del cortesano Joaquín Balaguer.

El Nacional

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