El paro nacional convocado para mañana está justificado, dada la crítica situación económica y los males sociales que padecen las mayorías, originados en las nefastas políticas gubernamentales.
Por supuesto, la derecha nacional ha puesto el grito al cielo en respuesta al justo llamado a la manifestación cívica. Ese sector se expresa motivado por su naturaleza de clase y sus propios mezquinos intereses.
Los que se oponen a la paralización de actividades no padecen las consecuencias, por ejemplo, del paquetazo fiscal, alza en los precios de los combustibles, el transporte y los alimentos.
Ni del incremento de la inseguridad ciudadana, precios de las medicinas, servicios de salud, de electricidad, porque ellos están blindados por el inmenso poder del Estado.
La derecha política, una parte del empresariado y el gobierno tienen mecanismos para cargar a los pobres la crisis estructural del sistema e incrementar sus ingresos y márgenes de beneficios.
El paro nacional es convocado para protestar ante un gobierno, cuyo presidente en este y en sus dos períodos anteriores, privatizó las empresas estatales y viene promoviendo la corrupción de Estado.
Se protesta ante un gobierno sordo e indolente ante los reclamos de los pobres y de la clase media, golpeados por la carestía de la vida, el desempleo y el despilfarro de los recursos públicos.
El paro nacional de mañana serviría para obligar al gobierno a deponer su autoritarismo, corregir el rumbo de su política económica, la inversión en las obras públicas que nos empujan al abismo.
Esa demostración ciudadana debe ser el primer paso para fortalecer el empoderamiento de la sociedad, que viene reclamando que se le tome en cuenta para dirigir el país en un ambiente democrático.

