Opinión

Catalejo

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Los cables diplomáticos estadounidenses respecto al Gobierno, vienen a confirmar una vez más que “algo huele mal” en República Dominicana, pese a que el rey no ha muerto.

Lo publicado por el diario madrileño El País desmiente lo dicho por el presidente Leonel Fernández de que los actos de corrupción son “hechos individuales y aislados”.

Al contrario, ese pernicioso fenómeno se ha generalizado y está fuertemente articulado a los resortes del poder, y acompañado —en ciertos momentos— de extorsión e intimidación.

Por eso, no es sorpresa para nadie que un general ponga su arma sobre la mesa y con desenfado exprese a un empresario extranjero: «Vengo a arreglar una cuenta pendiente entre usted y mi jefe».

O que un súper ministro exija 10 millones de dólares para dejar pasar un proyecto gestionado por una empresa foránea, que desea instalarse en el país.

«Mientras la corrupción tiene más impacto que nunca en la mente de la población dominicana, se ha logrado poco progreso real en la lucha contra ella”, opinó el entonces embajador de EEUU en nuestro país, Robert Fannin.

El revelado informe de la embajada estadounidense no trae nada nuevo; la novedad es que sus impresiones de la corrupción gubernamental se conozcan de forma tan cruda. 

No obstante, Leonel  Fernández, como si levitara, insiste en lo contrario: “Yo siempre he dicho que ese fenómeno no existe en la República Dominicana…”.

Si eso es así, que explique entonces, cómo es que funcionarios o ex funcionarios —de la noche a la mañana— se han convertido de pequeño-burgueses en magnates…

Ya no se trata de que “algo huele mal…”, es seguro que algo muy grande está podrido, junto al famoso tiburón del que  hablaba el extinto Ramón A. Font Bernard.

El Nacional

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