Vivimos en un país desgobernado por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), uno de los dos partidos fundados por Juan Bosch, quien fuera derrocado por un golpe de Estado el 25 de septiembre de 1963.
El presidente Leonel Fernández, el PLD y su alta dirección, sin inmutarse vienen transitando en vía contraria a los valores democráticos, pese a su mentada inspiración boschista.
El joven mandatario ha preferido seguir la ruta del déspota ilustrado Joaquín Balaguer, en su afán de perpetuarse en el Poder y empujar a los dominicanos a una mayor tragedia nacional.
Ha logrado inocular la autocensura a una parte de los medios de comunicación; comprar voluntades y silenciar a muchos de los que están llamados a contraponer su opinión a los desafueros del Gobierno.
El puntapié democrático de un agente policial a Narciso Isa Conde, fracturándole tres costillas, es un hecho ignominioso, que demuestra una vez más el carácter represivo del gobierno leonelista.
Al igual que en otros hechos deleznables de su administración, el presidente Leonel Fernández guarda silencio. Idéntica conducta muestra cierta oposición, que resulta ser harina del mismo costal.
Todo esto es contrastante a lo dicho por Bosch en octubre de 1961: Un gobernante democrático debe tener oídos abiertos para oír la verdad, ojos activos para ver lo mal hecho antes de que se realice, mente vigilante para que nada ponga en peligro la libertad de cada ciudadano .
Exhortó Bosch a gobernar sin salirnos en momento alguno de las normas democráticas, las cuales exigen que se respete el derecho ajeno .
Ahora es oportuno llamar a matar el miedo contra el despotismo, tanta corrupción y perversidad, como exhortara entonces, hace casi 49 años, el otrora líder del PRD.

