La impunidad disfrutada por los corruptos, se ha convertido en toque de diana para que todo el que está en una posición pública o privada relevante se adueñe de lo ajeno, sin dificultad ni temor alguno.
En la República Dominicana , la impunidad que protege a los que detentan el poder político, militar, policial, un alto rango social o económico, ha convertido la corrupción en un cáncer terminal.
El robo al erario, en particular la apropiación de bienes públicos, sobrevaluación de obras del Estado, la evasión de impuestos, contrabando… son prácticas cotidianas.
La situación se ha deteriorado tanto en estos gobiernitos, que la putrefacción que exhibe el tinglado del poder, en connivencia con esta desacreditada partidocracia, no la puede curar ni el médico chino.
El gansterismo oficial llega al extremo, que su accionar se ha convertido en una cultura, a tal punto, que los honrados son calificados de pendejos, como el símil usado por el escritor Arturo Uslar Pietri.
Prueba de que la corrupción puede frenarse la está dando el Gobierno y la justicia de Cuba, en más de un casos en que dirigentes de empresas estatales han ido a parar irremisiblemente a la cárcel.
La sala de lo penal de La Habana acaba de imponer de tres a 13 años de prisión a seis dirigentes de Cubana de Aviación y de la Empresa Heberbiotec S.A. por corrupción en contra del Estado.
De igual modo, el tribunal impuso sanciones de seis y siete años a los representantes de la empresa extranjera Caribe Cargo S.A., por su complicidad y ser beneficiarios del delito de corrupción.
Las acciones contra la corrupción en Cuba deben ser imitadas por el gobierno y la justicia dominicana, para poner remedio a esa práctica criminal; pero pretenderlo es lo mismo que pedir peras al olmo.

