Opinión

Catalejo

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El ataque en 1941 a la base militar estadounidense de Pearl Harbor, en el Pacífico, fue el pretexto para que el presidente Franklin Delano Roosevelt pidiera al Congreso de su país el estado de guerra y la ofensiva contra Japón.

Roosevelt no tuvo mucho tiempo para conocer a Harry Truman. No obstante, lo escogió como vicepresidente en las elecciones de 1944, alcanzando su cuarto período.

El presidente Roosevelt autorizó el “Proyecto Manhattan” para el desarrollo de la bomba atómica y, aunque debido a su deceso el 12 de abril de 1945, no administró su uso, lo dejó en manos de su sucesor.

Los planes del imperio continuaron. En 1945, el presidente Truman ordenó lanzar las bombas atómicas a Japón, el 6 de agosto en Hiroshima y el 9 en Nagasaki, cuando los japoneses apenas resistían.    

Se estima que las bombas mataron a 140 mil personas en Hiroshima y 80 mil en Nagasaki, sobre todo civiles.

Ha llovido mucho desde Harry Truman a Barack Obama, sin embargo, el pasado viernes, The Washington Post reveló que la CIA sigue las ideas de cuando fue creada en 1947 por el sucesor de Roosevelt.

Dice el diario que esa agencia paga a funcionarios del gobierno del presidente afgano, Hamid Karzai, para que le sirvan de informantes, como hace con otros “aliados”.

También trasciende que, dentro de los planes del imperio, compartidos por el Club Bilderbergs, está destrozar a Rusia como potencia militar y a China como potencia económica.

Fidel Castro advierte que un posible ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán desataría una guerra nuclear, lo que pone en riesgo de extinción a la especie humana.

La guerra de agresión del imperio persiste hoy con ese riesgo, bajo la batuta de Obama… en un momento en que varios de sus “adversarios” tienen la bomba atómica.

El Nacional

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