Opinión

Catalejo

Catalejo

La vocación acompaña al individuo desde la niñez. Es una inclinación natural, que, de ser descubierta, puede ayudar a desarrollar una determinada actividad humana, como la literatura, con verdadero éxito.

La intriga es un recurso que siempre se ha usado en las novelas policiales. El enigmático autor Edgar Allan Poe sentó las bases del género con su obra “Los crímenes de la calle Morgue”.

Al novelista estadounidense le siguió los pasos el escocés Arthur Conan Doyle, cuyo Sherlock Holmes está inspirado en el Auguste Dupin de Poe. Ambos contribuyeron al género de la ciencia-ficción.

En el caso de Rugolez, el intrigante, éste no se dedica a escribir novelas clásicas, de las que fue precursor Edgar Allan Poe, sino que se esfuerza en “culebrones” denominados policial “negro”.

En esta corriente del género policial, también conocida como “duro”, el detective ya no es un caballero refinado que se abstiene de la violencia, sino que pelea de “tú a tú” con el “criminal”.

Por lo general, Rugolez describe el perfil del terrorista en serie, a imagen y semejanza de su propia personalidad, la cual está teñida de envidia, resentimiento, odio, inseguridad y mediocridad.

En su diario vivir detectivesco, vertido en sus obras, Rugolez no logra trascender, por la pobreza narrativa y lo poco creíble de sus historias; para el éxito editorial se necesita algo más que la intriga.

Por supuesto, no me refiero de ninguna manera a la intriga que carcomía al brillante músico vienés Antonio Salieri, que le llevó a odiar y admirar al genio Wolfgang Amadeus Mozart.

No. Me refiero a la intriga vacua, ridícula, de baja estofa, de un sujeto que carece de talento para convencer. Quizás logre hacernos sonreír, si lee a Molière y procede a escribir inspirándose en él.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación