Opinión

Catalejo

Catalejo

La reelección y el continuismo han estado vinculados a regímenes dictatoriales; algunos de ellos francamente muy crueles y otros no menos crueles, con envolturas en papel de celofán.

Esos desgobiernos, revolcados en corrupción y crímenes políticos, han sido rechazados por generaciones que, en su momento, padecieron los rigores de la gestión de Buenaventura Báez.

Igual rechazo recibieron el sátrapa Rafael Leonidas Trujillo durante más de tres décadas y el dictador ilustrado Joaquín Balaguer, cuyo dominio se extendió primero por 12 años, y luego de un receso de ocho, por 10 años más.

Las tiranías crecieron como hongos en América Latina y el Caribe por obra y gracia del imperio estadounidense, que los instalaba y sostenía pese a la resistencia de los pueblos.

Nicaragua con  Somoza; Guatemala con  Castillo Armas; El Salvador con Maximiliano Hernández Martínez; Haití con Duvalier; Cuba con Batista; Chile con Pinochet…

A cada período dictatorial y al sufrimiento de quienes habitamos esta tierra, ha precedido la reelección y el continuismo.

Leonel Fernández lleva tres períodos desgobernando y profundizando los males. Nos abruma la pobreza y el narcotráfico, y nos abate la inseguridad, el desempleo y la corrupción, entre otros males. 

Y aún con ese prontuario, el mandatario aspira a continuar en el poder pasándole por encima a preceptos constitucionales, que Joaquín Balaguer, a quien él le sigue los pasos continuistas, consideró pedazos de papel.

¿Se propone Leonel darnos más autoritarismo, más corrupción, más ineptitud, más desorden… y más dictadura? 

El pueblo dominicano rechaza todo eso, y aspira a que esta pesadilla termine pronto, y a no repetir la historia llevando al poder a otros “indispensables”.

El Nacional

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