Opinión

Catalejo

Catalejo

La sociedad dominicana sigue rezagada en cuanto a su emancipación económica, social y política, debido a sus propias estructuras y a la dependencia al imperio que le condiciona.

De ella han surgido con ímpetu los movimientos político-sociales para desatar las ataduras, pero han muerto en la cuna al ser guiados por grupos políticos medularmente conservadores. 

En su accionar, las clases dominantes se aferran al atraso y actúan para impedir el cambio a una sociedad equitativa e incluyente. La conducta ha sido pendular: De la defensa al status quo al retorno del “antiguo régimen”, separados ambos por un fino hilo. En cada período de crisis han logrado manipular la situación y evitar los cambios.

Esos sectores conservadores, o francamente reaccionarios, han desnaturalizado las acciones de masas que se han dirigido a romper ese orden oligárquico o burgués.

La actitud de los llamados líderes de la mentada burguesía liberal, no ha sido distinta a la de François-René de Chateaubriand en Francia; del conservadurismo al liberalismo y viceversa.

Más de dos siglos después de la toma de la Bastilla (14 de julio de 1789), la supuesta burguesía liberal y sus líderes ignoran la pertinencia de dar paso a “la razón, la igualdad y la libertad”.

Oscilamos entre liderazgos con ideas mesiánicas, abiertamente despóticas, a  pseudos liderazgos políticos que se erigen sobre la base del clientelismo, el autoritarismo y el culto a su poder personal.

Este orden, caracterizado por la inequidad, la exclusión, la explotación, la corrupción y el desorden está en una profunda crisis; al parecer, el pueblo dominicano tampoco está en soportarlo por mucho tiempo.

Todo esto me trae a la memoria la frase lapidaria de Rosa Luxemburgo: “Vuestro ‘orden’ está construido sobre la arena”.

El Nacional

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