Ratzinger el inquisidor
El papá Benedicto XVI intentó dar lecciones de humanismo en su más reciente discurso, tras un concierto que ofreció en la Capilla Sixtina al presidente de la República Federal de Alemania, Horst Köhler.
Al cumplirse el 20 aniversario de la caída del Muro de Berlín, el Papa Joseph Ratzinger lo llamó frontera de muerte y calificó de inmoral la dictadura comunista de la desaparecida República Democrática Alemana.
No se refirió esta vez al muro levantado por Israel contra el pueblo palestino, tampoco al que construye EEUU en la frontera con México, ni a los que mueren en esos lugares.
El Papa dio lecciones ideológicas al considerar que el orden social occidental es mejor y más humanitario que el comunismo, mientras respalda al imperio en la guerra de Irak y Afganistán, así como en el golpe de estado en Honduras.
Joseph Ratzinger, quien ronda ya los 78 años, sigue atado al pasado. No ha modificado ni un ápice sus convicciones de la mocedad, cuando militó en la Juventudes Hitlerianas del Partido Nazi alemán.
El Panzerkardinal, su apodo en Roma, en pleno siglo XXI combate al comunismo ateo y disociador, como cuando puso orden en la Iglesia, para decapitar primero, y domesticar después, la Teología de la Liberación.
Asociado al pontificado de Karol Wojtyla, su represión llegó hasta el punto de que amonestados, perseguidos, vigilados, en una institución intelectualmente inhabitable, los pensadores de la Iglesia optaron por marcharse.
Ese camino fue tomado por Leonardo Boff, mientras otros como Gustavo Gutiérrez decidieron callarse y algunos rompieron la baraja, como lo hizo Hans Küng.
Por las convicciones y prédicas de Ratzinger, algunos han llegado a afirmar que, sin dudas, el Espíritu Santo es de extrema derecha.
