Los esfuerzos reeleccionistas van viento en popa. El presidente Leonel Fernández, acompañado por funcionarios de su entorno, se propone violar la Constitución en esa materia.
Se trata de un grupo envilecido y pervertido en el ejercicio de las funciones públicas, que en su intento de retener el poder no pondrá límites en el uso de los recursos del Estado.
Y eso sucede porque han pulverizado la escasa institucionalidad del país, con la connivencia de las cúpulas de los tres poderes del Estado y la partidocracia, actuando de espalda a la nación.
Se trata de un grupito que insiste en mantener este desastre nacional, no sólo para seguirse enriqueciendo, sino para asegurar su impunidad.
Insiste en la reelección del actual Presidente para profundizar la corrupción de Estado, inseguridad ciudadana, crisis económica, insalubridad, analfabetismo, desnutrición y pobreza extrema.
Y la gravedad de la situación se expresa, en que los aspirantes a sustituirles en el poder desde esa partidocracia, representan más de lo mismo.
Estamos en un estado de indefensión, como en el galardonado film de Milos Forman Atrapado y sin salida, que protagonizara el afamado actor Jack Nicholson.
Por eso la gente vive en la desesperanza; padeciendo pésimos gobiernos pseudodemocráticos. Tan mal han dirigido el país, que promueven la nostalgia por regímenes tan funestos como el de Trujillo y Balaguer.
Hay que insistir en un movimiento nacional que enrumbe a esta media isla hacia otros horizontes; que restablezca la dignidad, el respeto, la honestidad y un nuevo orden; que rescate el optimismo perdido.
Aunque para lograrlo sea necesario provocar un sismo que no deje piedras sobre piedras. Es que el abuso desde el poder ha llegado a un límite insostenible.

