Opinión

CATALEJO

CATALEJO

Las personas tienen el derecho a renunciar a su pasado; a tomar un lápiz, humedecer con saliva el otro extremo de la punta, y borrar de su expediente lo que les atormente.

Lo que resulta imposible es borrar lo que nunca ha existido. Haber pernoctado en la izquierda como farsante, no le otorga a nadie el derecho de invocar antigua militancia en ella.

Tampoco se lo otorga el haber tenido en su biblioteca un folletito de menos de 40 páginas, presentado por Marx y Engels en 1848, que llamaba a los «Proletarios de todos los países, uníos».

Algunos cazadores de oportunidades viven despotricando de forma altisonante y abusiva contra la izquierda histórica, tratando de enlodar a sus héroes y mártires más notables.   

Aunque se pretenda ignorar, la izquierda ha estado en la primera fila de todas las jornadas libradas por la libertad, la democracia y la soberanía del pueblo dominicano.

En la piel y en la sangre de sus más fieles exponentes, conocidos y anónimos, se ensañó la represión y el crimen de la dictadura trujillista, el Consejo de Estado, el Triunvirato, el balaguerismo…

La izquierda ha sido y sigue siendo blanco de la Doctrina de Seguridad Nacional del imperio estadounidense, invocada en el espíritu de John Quincy Adams y/o James Monroe.

Esos coleópteros sapiens, con perdón del piogán, insultan la memoria de Francis Caamaño, Amaury Germán, Orlando Martínez… como sagrada ofrenda a sus amos.  

Con su desbarre, pretenden justificar la impronta del cortesano Joaquín Balaguer y su variopinto discipulado, los cuales han hecho de este país un irrespirable estercolero.    

Se han transmutado, de la noche a la mañana, como Gregor Samsa, el personaje de Franz Kafka, sufriendo una pesadilla angustiante, atrapados, sin poder despertar jamás.

El Nacional

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