Opinión

CATALEJO

CATALEJO

Desde que la sudafricana Diana Russell, antropóloga, psicóloga social y feminista, acuñó el término feminicidio, éste es traído y llevado en los medios de comunicación.

Las muertes de niñas y mujeres de parte de hombres irracionales y violentos, con frecuencia son analizadas con el propósito de encubrir sus verdaderos orígenes.  

Atribuir las culpas de forma absoluta solo a los victimarios directos, lleva implícito el ocultamiento de las causas que genera este sistema capitalista salvaje, excluyente y opresor.

El feminicidio es un fenómeno lacerante, por lo demás global. Janet Caputi, Deborah, Cameron… realizaron estudios al respecto en la India, Estados Unidos y Canadá.

Esas investigaciones datan desde las cacerías de brujas en los siglos XVI y XVII en Inglaterra, hasta nuestros días, ubicando esos hechos abominables como expresión del patriarcado.

Al crimen que afecta a niñas y mujeres, algunos lo llaman genocidio; otros, terrorismo de género, con subclasificaciones como feminicidio serial, feminicidio lésbico o simplemente feminicidio.

Es simplista y unilateral buscar las causas de ese fenómeno en motivaciones psicológica y elementalmente explicables, evadiendo llegar a su causalidad, que es diversa y compleja.

Dominan la opinión, las especulaciones parciales y el androcentrismo que envuelve una buena parte de la información periodística amarillista.

Se manipula cuando se atribuye sólo a la cultura machista y misógina la violencia contra la mujer, ocultando la marginación y pobreza a que está sometida una buena parte de la población. 

Se excluye así de la discusión, la violencia económica, política, religiosa, jurídica, cultural y racista, que genera una sociedad preponderantemente burguesa en descomposición.

El Nacional

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