El presidente Leonel Fernández, durante la lectura de su discurso ante la Asamblea Nacional el pasado 27 de febrero, dijo sentirse impresionado por lo que él llama modernidad de la capital.
La amplitud de sus avenidas, circulación masiva de vehículos, elevados, rascacielos y en fin, todo el espíritu de modernidad que se vislumbra desde el aire, conmovieron al mandatario.
Parafraseando el bolero del compositor cubano Ernesto Duarte, debo decirle al presidente que se baje de esa nube y venga aquí a la realidad, donde la mayoría son ignorados por su gobierno.
El discurso del mandatario se inició poniendo como ejemplo las obras construidas, la prosperidad y bienestar generados por las mismas a dos provincias sureñas: San Juan y Elías Piña.
Debo recordarle a Leonel Fernández que San Juan, otrora granero del sur, ocupa en estos momentos el sexto lugar entre las provincias más pobres del país, y el séptimo en pobreza extrema.
La desnutrición en niños y niñas menores de 5 años se ha elevado en un 9 por ciento en San Juan y Elías Piña alcanza un 16 por cada 100.
Por la caída estrepitosa de la actividad agropecuaria, el desempleo ha crecido en los últimos diez años, creando más pobreza, tráfico de drogas, violencia e inseguridad ciudadana.
San Juan presenta niveles altos de privaciones en todos los indicadores, como son la alta tasa de analfabetismo en personas adultas y la falta de acceso sostenible a fuentes de agua potable.
En la referida provincia se manifiesta una situación extrema, la tasa más alta de probabilidad de morir antes de los 40 años.
Señor presidente, el desarrollo no se logra construyendo obras sobrevaluadas, donde se ignore a la gente y la institucionalidad, dándole paso a la más abyecta corrupción gubernamental.

