Opinión

CATALEJO

CATALEJO

Cuando en la sociedad se personaliza la política, se propugna por la conciliación de clases y se forjan los líderes mesiánicos para guiar a las multitudes, los cambios revolucionarios se hacen cuesta arriba.

La ausencia de José Francisco Peña Gómez, Juan Bosch y Joaquín Balaguer ha permitido que muchos de sus seguidores, confundidos en un abrazo fraternal, hayan transmutado a sus partidos a “tres en uno”. 

Así, conservadurismo y liberalismo han encontrado el mismo cauce, con el predominio casi absoluto del primero, para regocijo de la oligarquía.

A tal punto se expresa la atomización de las ideas liberales, que los partidos que las representaban en el pasado, poco se diferencian hoy de los conservadores.

Y lo que es peor, sectores que se autodenominaban revolucionarios han renegado de sus principios para sumarse a las derechas.

El “pragmatismo” y la “alta política” han hecho de las ideas y falsas ideologías, un mejunje, o lo que es lo mismo, un “arroz con mango”, imposible de ingerir y digerir por los sectores más conscientes.

Al electorado se le ofrecen candidaturas conservadoras, envueltas en el papel de celofán del liberalismo, una estratagema que busca la preservación del status quo, como ha ocurrido en los últimos 46 años.

Por ser conservadoras, las candidaturas a la presidencia de la República de Danilo Medina (PLD) e Hipólito Mejía (PRD) reciben el respaldo del balaguerismo y de otros grupos de las derechas.

Por esa condición es que el transfuguismo político ha logrado tanta connotación y las cúpulas de la partidocracia se cortejan y pactan fácilmente en defensa de sus particulares intereses.

Las elecciones del 20 de mayo NO abrirán las puertas de los verdaderos cambios. Al menos, los que anhela el pueblo dominicano.

El Nacional

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