Opinión

Catalejo

Catalejo

Decapitada la tiranía trujillista, el 30 de mayo de 1961, la lucha política se estableció entre la oligarquía y la pequeña burguesía, que decía representar sueños emancipadores.

Luego se radicalizó la confrontación entre esa oligarquía y los sectores medios, jugando un papel relevante la izquierda marxista, que, aunque diminuta en número, había ofrendado su sangre por la libertad.

Y desde entonces, la derecha viene sufriendo un gran desgaste político desde el poder, a tal punto que la partidocracia y sus dirigentes son una risible caricatura de sus antiguos líderes y caudillos.

Esa derecha se ha impuesto conculcando derechos, usando la violencia, envileciendo y manteniendo en la ignorancia a grandes segmentos de la población dominicana.

Por su lado, la izquierda incurrió en garrafales errores, pero también fue diezmada por la persecución, la infiltración enemiga en sus filas y el crimen de Estado, bajo la batuta del imperio.

Muchos impostores y farsantes, nunca pudieron leer El Capital ni nada que se relacionara con la obra de Carlos Marx. Su orfandad teórica dio cabida a los dogmas y a la atomización de la izquierda.

Muchos “radicales” renegaron de sus ideas para sumarse a proyectos políticos derechistas con “vocación” de poder, lo que vino a desmentir su presunta militancia marxista.

Desde 1962, la derecha política ha tenido la iniciativa hasta llevar al país al desastre en que se halla.

Como decía Antonio Gramsci, han sustentado la “revolución pasiva”, el proceso de “revolución-restauración”, para salvar el capitalismo salvaje y mantener en la pobreza a los de abajo.  

Pese a todo ello, aunque casi imperceptible por su dispersión, la izquierda marxista tendrá que reunificarse para jugar su indeclinable rol político.

El Nacional

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