Opinión

CATALEJO

CATALEJO

Este aniversario de la insurrección del 24 de abril de 1965, como en otras ocasiones, encuentra a sus protagonistas, que han podido sobrevivido a los años, transitando diferentes caminos.

Entre los militares y civiles constitucionalistas que derrocaron el gobierno de facto del Triunvirato y resistieron la intervención militar yanqui desde el 28 de abril, había de todo “como en botica”.

Se hallaban, desde combatientes revolucionarios, hasta viejos servidores del trujillismo y el balaguerismo, que buscaban su presencia en un gobierno que se restituiría mediante la lucha popular. 

Es posible que Pedro Mir, quien alertó sobre la inminencia del desembarco de marines por nuestras costas, nunca pensara que gente del entorno de Francis Caamaño jugarían a la traición.

Mucho menos que las cúpulas de los dos partidos fundados por Juan Bosch servirían para garantizar la dependencia y el neocolonialismo, que 42 marines yanquis vinieron a reafirmar.

Los constitucionalistas caídos en la Guerra Patria, nunca imaginaron que gobiernos, integrados por muchos de los compartieron sus trincheras, fueran tan o más corruptos que el Triunvirato.

Que entregaran el patrimonio nacional a transnacionales como la Barrick Gold; o propiciaran el tutelaje de nuestras Fuerzas Armadas por quienes nos invadieron dos veces en un sólo siglo.

Los que el 24 de Abril de 1965 levantaron la consigna “¡Armas para el Pueblo!”, no pueden estar satisfechos del curso que ha tomado la Patria del coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez.

Como no lo estarían los mártires de la lucha antitrujillista, los de las guerrillas de Las Manaclas, Orlando Martínez ni Narcisazo.

Ni los dominicanos “enamorados de un puro ideal”. Todos esperan por ese abril luminoso… sí, aún esperan.

El Nacional

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