¿Para qué ir a votar?
Los defensores de este sistema político tratan de convencer a los potenciales electores de sufragar este domingo, angustiados por el posible incremento de la abstención electoral.
Sin embargo, una buena parte de ellos carecen de autoridad moral para criticar a los que ya han decidido abstenerse, convencidos de que estas elecciones son una farsa al estilo de las del teatro griego.
No importa si la abstención se incrementa o no respecto a elecciones pasadas, porque por igual serán ilegítimas, al practicarse todo tipo de fraude, antes, durante y después del sufragio.
El pueblo dominicano ha demostrado que anhela vivir en democracia, por eso luchó con heroísmo contra la tiranía trujillista y otras que ha padecido a lo largo de su historia.
Movido por ese sentimiento, participó masivamente en las elecciones del 20 de diciembre de 1962, eligiendo a Juan Bosch presidente de la República, con un 60 por ciento de los votos emitidos.
Los que el 25 de septiembre de 1963, junto al imperio, derrocaron ese gobierno, hoy con nuevos rostros, hacen de los comicios un bullicioso acto de circo al servicio de sus mezquinos intereses.
Pese a que procuran con esta farsa fortalecer este podrido sistema político, tendrán que dar paso a fuerzas emergentes que construirán una sociedad con más equidad social, económica y política.
Llaman a las urnas para legitimar un Congreso y cabildos que seguirán sirviendo para excluir de las riquezas que genera el país a la mayoría de los dominicanos y favorecer a una minoría.
No sólo eso, a partir de mañana, salga pato o gallareta, legisladores, síndicos y regidores con la ayuda del Presidente harán de las suyas para que todo siga peor.
Entonces, si esa es la realidad de hoy, ¿para qué ir a votar?

