Opinión

Catalejo

Catalejo

A falta de una discusión política edificante, donde se traten los temas de interés nacional, la partidocracia manipula a los votantes mediante la charla inútil, frívola y pérfidamente engañosa.

Ahora, cuando se cuestiona la legitimidad de las altas cortes o la parcialidad mezquina de jueces de la Junta Central Electoral, las pueriles bocinas pagadas limitan el análisis al término “pelafustán”.

Por el contrario, sería aleccionador un debate sobre la condición ético-moral de los integrantes de los poderes del Estado y la revocación del mandato de los que no pasen por el tamiz de la honestidad.

¿Resistirían la transparencia quienes constituyen el Poder Legislativo, Ejecutivo y Judicial, verbigracia, la asignación del barrilito y cofrecito; expediente Sun Land, cuentas bancarias y alcancías palaciegas?

Revelar todo lo que sucede en las entrañas del poder desataría un tsunami político que barrería con toda la base de sustentación de este sistema político espurio, negador de derechos.

Es evidente la estratagema politiquera contra los electores cuando se promueve la cháchara política diversionista, dirigida a evadir los temas que les resultan más espinosos, como el de la corrupción.

En tanto, los candidatos ofrecen hasta castillos en el aire, como ha sucedido en campañas anteriores, promesas que luego se esfuman durante el ejercicio del poder del partido ganador.

Cuando el gobierno se desgasta, se estimula el voto negativo, para favorecer a otra opción de derechas  y a los candidatos “menos malos”, es decir, a cambiar de látigo y de verdugo. 

Pese a la inducida polarización electoral, se eleva la conciencia colectiva, que se traducirá en abstencionismo frente a esa partidocracia, con su sistema político y electoral pervertido y pervertidor.

El Nacional

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