Opinión

CATALEJO
¡Qué paraíso terrenal!

<STRONG>CATALEJO<BR></STRONG>¡Qué paraíso terrenal!

Se acorta el tiempo para que la República Dominicana celebre su “fiesta de la democracia”, donde se escogerán como siempre a los que blanden con fuerza el látigo viril del toro. 

Por las amplias garantías constitucionales y políticas, podríamos escoger entre blancos y morados, liderados por impolutos tocados por la misericordia para perdonar a multimillonarios hechos al vapor. 

Eso sucede en este “inverosímil archipiélago de azúcar y de alcohol”, donde si Diógenes el cínico aparece con su lámpara al mediodía, los que gobiernan o han gobernado “dejarían el limpio”. 

Gracias al capitalismo y a su partidocracia vivimos en paz, con equidad e inclusión social, de género y, además, con derecho a expresarnos libremente… pero con gobernantes sordos del oído izquierdo.

Disfrutamos una democracia, con una mayoría de inconformes empedernidos que tiene la opción de protestar con el estómago vacío o amasar fortuna… si juega y tiene la suerte de “pegarle al gordo”.

Es un paraíso de oportunidades, donde un personaje de tiras cómicas puede ocupar puestos públicos, erigir emporios y crear fundaciones para ayudar a los que en prángana antes fueron sus iguales.

No importa que legiones no sepan leer ni escribir, ni tengan trabajo; reciben del Estado el subsidio para la hartura de un día, a cambio de ejercer el derecho de votar por el partido oficialista.

La corrupción es parte del progreso, porque se ha democratizado entre los descuartizadores de la “res-pública”. Los mismitos que constituyen el Poder Legislativo, Ejecutivo y Judicial.

Pese a todas esas linduras, «éste es un país que no merece el nombre de país. Sino de tumba, féretro, hueco o sepultura”, donde existe un pacto de sangre de la partidocracia, llamado “borrón y cuenta nueva”.

El Nacional

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