Opinión

Ceguera de videntes

Ceguera  de videntes

Sus abnegados padres esperaban su hija con devoción. Todo preparado para darle la bienvenida merecida. La felicidad no podía ser mayor. Se acercaba el momento estelar de recibir el fruto de una consolidada relación de pareja.

El impacto fue estremecedor al recibir la noticia: La bebé carecía de ojitos y eso determinaba que no podría ver durante toda su existencia.

Poco después del sacudimiento emocional, el papá lo dijo de manera categórica: “Nuestra hija será ciega, pero jamás inútil”. Así lo comunicó a toda la familia y en ese instante empezó una forma tan correcta de abordar una circunstancia que sus resultados han constituido una lección que abofetea sin manos la mediocridad que se ufana de visualizar el mundo desde la luz de los ojos. Entre tantos videntes, pocos ven más que ella.

El entorno familiar se nucleó alrededor de una solidaridad sin límites, pero nunca convirtiendo la beneficiaria del gesto de nobleza en víctima, ni apoyándola de tal manera que quedaran cercenadas sus potencialidades. Es un espaldarazo que facilita, no que sustituye, un amor que suma, no que sobreprotege, un estímulo a la aceptación, no a la compasión, una apuesta por la alegría y un antídoto contra la tristeza.
De esa forma la niña fue insertada en escenarios necesarios para su desarrollo, con conciencia plena de que los obstáculos serían terribles, pero que la vigorosa fuerza de su voluntad y la poderosa energía de su círculo familiar se encargarían de superarlos.

Así surgió un ser humano que se ríe a carcajadas de sus falencias, que se mofa de las reducidas y naturales limitaciones que subsisten. Una persona que tuvo como compañeros aquellos que suelen llamarse normales, que obtuvo calificaciones excelentes, que se hizo abogada y jueza de su país, que canta como un ruiseñor, que toca piano con destreza, que contribuye con las tareas cotidianas de su casa y que lejos de ser motivo de exclusión, es compañía útil y agradable para cualquier proyecto.

Compartí con ella y la experiencia me sirvió para diagnosticar una enfermedad que desconocía que tantos padecen: Ser ciegos crónicos. Por Margarita María descubrí la cantidad de detalles que no obstante los ojos estar habilitados no se perciben, no se valoran, no se aquilatan.

Comprendí que lo menos importante es conocer la forma de las cosas, sino su esencia, para lo cual se necesita mucho más que dos linternas a cada lado de la nariz.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación