Puede tener gracia, pero no se trata de ningún chiste eso que dijo el ministro Administrativo de la Presidencia, José Ramón Peralta, de que cinco entidades fantasmas trataron de tumbar al Gobierno con 200 millones de pesos. Tiene sus lecturas. Buenas y malas.
Las primeras se refieren a los rigurosos controles con que el Gobierno desembolsa los recursos a las entidades que han sido beneficiadas con créditos durante las visitas sorpresas del presidente Danilo Medina. No se trata de un reparto sin ton ni son, sino que los expedientes pasan por un estricto proceso de depuración.
Entre las malas se inscribe la extensiva cultura de la corrupción y su correlato de impunidad. El suceso no puede verse como una simple viveza, sino como una maniobra que en realidad se presta a reflexión, porque se trata de un claro síntoma de la descomposición que corroe el tejido social. Que no se salieran con la suya, es una cosa. Pero el hecho de que lo intentaran no es para reírse, sino para preocuparse. Aun se trate de una dominicanada.

