Opinión

China, modelo para Cuba

China, modelo para Cuba

Cinco amables chinos nos servían un café colombiano antes de un frugal desayuno americano. Estábamos hospedados en el lujoso hotel Park Plaza, de Beijing, pocos años después del despegue de la revolución económica emprendida por Deng Xiaoping, la misma que, desde 1986, ha llevado al gigante asiático al segundo lugar, superada sólo por Estados Unidos.

A falta de oportunidades en el sector privado,  era necesario que el Estado mantuviera en sus nóminas  a millones de chinos. Es probable que, ahora, el  Park Plaza tenga menos empleados y hasta necesite robots.. La creciente industria china  ocupa cómodamente  el 80% de la mano de obra, demandando ya personal extranjero.

El resumen expuesto no es ajeno al gobierno cubano. Menos a Castro, amigo y seguidor de la política y economía china.

El  Estado cubano anuncia que va a despedir 500,000 empleados para darles la oportunidad de emprender tareas privadas. Reguladas estas iniciativas, los legisladores deberán elaborar leyes para esta apertura.

El modelo chino puede resultar aplicable en Cuba.  Las  empresas norteamericanas, europeas, taiwanesas y japonesas instaladas en China lo hicieron al amparo de una legislación con resultados extraordinarios.

La disciplina asiática combinada con una mano de obra barata regulada por el partido único y el arrendamiento de terrenos por veinte años dieron los resultados que hoy vemos. Los matices sociales y políticos, que los hay, no hicieron la diferencia. Nada como una economía regulada, la corrupción administrativa controlada y carente de conflictos laborales para prosperar.

Cuba tiene el perfil político de la China de 1986. Falta que Raúl Castro se ponga los pantalones de Deng, para acopiar un modelo que encontrará   dificultad en la idiosincrasia de un pueblo latino. Educado y saludable, como ha sabido hacerlo Castro y monolítico, pero instruido en el rechazo a los norteamericanos, anacrónico e inútil. 

Como innecesario y cruel resulta  el bloqueo económico a Cuba por parte de  Estados Unidos. Poner fin a esta medida, carente ya de sentido, facilitaría el despegue de la estancada economía cubana y añadiría  un mercado de 12 millones de ansiosos consumidores. Y si algo mantiene a  esta  economía en pie es, precisamente, su insuperable capacidad de comprar y vender.

El Nacional

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