¿Qué Pasa?

Cine & Sociedad

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¿Qué futuro nos deparará la muerte física del libro de papel?

El cierre de todas las tiendas Borders, la segunda más grande cadena de librería en Estados Unidos, representa el más grande y peligroso golpe que haya recibido el libro impreso en los últimos 50 años. Borders aplicó para protección contra bancarrota, al no encontrar un comprador a quien traspasar el negocio, y con ello la vida del libro impreso, tal como lo conocemos, empieza un difícil peregrinar cuyo futuro es más incierto que nunca.

El libro no va a desaparecer de la noche a la mañana. Eso es muy cierto.  –Ahí están todavía las tiendas Barnes & Noble para atestiguarlo– Pero  la tendencia actual impulsada por Amazon primero, y luego Google y Barnes & Noble, está lenta pero inexorablemente transformando la sociedad.

Al modificar los hábitos de lectura, por medio de las diferentes plataformas tecnológicas (eReaders o     ePub), creadas por esas instituciones, consecuentemente la forma de interacción social de la gente también cambiará.

El rápido y fácil acceso que nos permite la tecnología y el internet, desde cualquier parte del mundo, para leer un libro en Kindle, en Nook, iPhone, iPad, Sony Readers y otros dispositivos electrónicos, tendrá su precio. No puedo decir en este momento cual será, puesto que no lo se, pero ese cambio cultural  indiscutiblemente dejará sus secuelas en el comportamiento de la gente y en la sociedad en general.

Por lo pronto, la desaparición de Borders es una clara señal de hacia donde se dirige el mercado: hacia un mundo digitalizado. A partir de ahora miles de clientes tendrán que cambiar su rutina de comprar libros en Borders; tendrán que dejar de reunirse en sus instalaciones; de dejar de recorrer sus tramos y anaqueles hojeando libros y repasando títulos que terminarán no comprando. En fin, tendrán que buscar otro lugar –por cierto, cada vez más escasos– donde  sentarse a leer un buen libro.

La salida de Borders del mercado no sólo significa que 399 librerías serán cerradas en todo Estados Unidos, posiblemente para el final de septiembre, y que unos 10,700 empleados de la compañía quedarán sin trabajo. También implica que será más difícil descubrir a nuevos escritores, y que las grandes compañías editoras y editoriales tendrán, a su vez, que reducir su personal.

Este no es el fin del mundo, pero sí el principio del fin de una era. Es tal vez la más decisiva llamada de alerta para que nos convenzamos de que la forma en que se imprimen y se venden los libros ha cambiado.

El Nacional

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