Poco más de un año después de que el otrora gigante de Hollywood Metro-Goldwyn-Mayer, mejor conocido como MGM, se acogiera al beneficio de protección por bancarrota; el antiguo poderoso estudio ha comenzado a resurgir de sus cenizas, pero eso sin fanfarrias ni bambalinas y con un claro enfoque del camino a seguir.
La época en la que MGM se ufanaba, al compás del temible rugido de un león, tener bajo su control y dominio, mayor cantidad de estrellas de las que podían contarse en el cielo, es hoy tan solo un recuerdo perdido en el tiempo.
Diezmado por malas administraciones, diversos cambios de dueños y de direcciones, y por una falta de liquidez que llegó a situar la deuda del estudio en los casi 5 mil millones de dólares, Metro-Goldwyn-Mayer, el que una vez y por más de tres décadas fuera considerado como el más grandes e influyente estudio cinematográfico del mundo, no es hoy ni sombra de lo que fue.
Hoy, MGM no sólo no es el farol que ilumina el camino, sino que ni siquiera es considerado ente los principales estudios productores y distribuidores de películas. Ocupa más bien un segundo o tercer lugar en el ranking.
En estos momentos, la mayor fuente de ingresos unos 250 millones de dólares anuales del legendario estudio fundado bajo el impulso y la visión de Louis B. Mayer, proviene esencialmente de los derechos de autor de la televisión internacional, interesados en los servicios de una videoteca compuesta por 4,100 películas.
Un estudio que con letras de oro dejó su estampa en la historia del cine con películas como The Wizard of Oz, Lo Que el Viento se Llevó, Singin in the Rain , Dr Zhivago y West Side Story. Así como The Good, the Bad and the Ugly, 12 Angry Men, The Silence of the Lambs y muchas otras, hoy ni siquiera distribuye ni mercadea sus propias películas.
En eso ha devenido el estudio cinematográfico que una vez fuera sinónimo del glamour, el lujo y el estrellato más rutilante. Ha eso se han reducido los creadores del Stars System. Lo que los impulsa no es el Oscar, la pasarela o el arte por el arte, es tan solo los derechos internacionales de televisión ¡Qué triste y qué cambiante es la vida!.

