¿Qué Pasa?

Cine y sociedad

Cine y sociedad

No se dejen confundir por su directo y en cierta forma enigmático titulo. Crazy, Stupid, Love. con comas y punto final tiene sus metáforas y su bemoles, pero es a primera vista una comedia que trata de romper con la monotonía y situarse un poco por encima de la corriente.

 La película comienza de forma atípica y en tono bajo, lento y dramático. Cal (Steve Carell), con un buen trabajo, dos niños y casado por 25 años con quien fuera su novia en los tiempos de la secundaria, siente que el mundo se le viene encima cuando su esposa Emily (Julianne Moore), no sólo le confiesa que le ha sido infiel, sino sobre todo que quiere el divorcio.

En la calle y sin saber que rumbo tomar  –Emily ha sido la única mujer en su vida–  Cal se refugia en un bar donde conoce a Jacob (Ryan Goslin), un casanova que se apiada de él y decide tomarlo como su aprendiz en el arte de seducir féminas.

De esta interacción brotan algunas de las escenas y situaciones más memorables y divertidas, pero el inteligente guión escrito por Dan Fogelman y dirigido por Glenn Ficarra y John Tequa no se conforma con eso, puesto que mezcla risas con aguda observación en una multi generacional historia sobre el amor, la familia y el romance.

Aquí no sólo Cal y Jacob  –quien finalmente ha encontrado a alguien (Emma Stone) no tan dispuesta a sus avances para llevarla a la cama–  andan tras la búsqueda del amor: también Robbie, el hijo de 13 años de Cal se ha enamorado de su niñera de 17 años, mientras ella por su parte, anda prendida de Cal.

Carell, quien frecuentemente ha sido subestimado como actor, ofrece aquí la mejor actuación de su carrera. El es el ama del relato y asume su rol con genuino carácter y autenticidad. Pero es Gosling quien se roba el show. Con su chispa y energía, demuestra por primera que también puede ser a un as en la comedia. Julianne Moore es tan emotiva y convincente como siempre. Mientras Stone y Marisa Tomei dejan muy gratas impresiones también.

El film no concluye de forma tan satisfactoria como había transcurrido en su mayor parte, al caer en los convencionalismos típicos del género. Sin embargo, la película es tan refrescante, bien actuada y creíble que uno se siente inclinado a pasar por alto esos pequeños traspiés.

El Nacional

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