Para ser honestos, la trilogía Bourne, habría que admitir, constituye una de las más sobresalientes sagas de films de acción de la última década.
Desde que irrumpió en la pantalla grande con The Bourne Identity en el año 2002, la película conectó de inmediato con el gran público, y dejó claramente establecido su gran potencial para abrazar con éxito el estándar de cine franquicia.
Como un James Bond más ágil y desprovisto de glamour las similitudes entre ambos personajes va mucho más allá de compartir iniciales en sus nombres, las aventuras de Jason Bourne generaron entusiasmo y dividendos en todas partes.
Así que ante la negativa del actor Matt Damon y el director Paul Greengrass de seguir escarbando donde ya no quedaba nada nuevo que encontrar, los estudios Universal decidieron contra viento y marea relanzar la serie, y el resultado no podría ser más funesto.
El mayor problema de The Bourne Legacy no es que el film sea malo, dado que Jeremy Renner y Rachel Weisz se esfuerzan lo suficiente para evitar la hecatombe, sino que la película es tan reiterativa y decepcionante que abruma.
A pesar del retiro de parte del equipo original de la saga, la producción de este film podía alardear todavía de contar en su haber con Tony Gilroy, quien fuera el principal guionista de los tres capítulos anteriores, y ahora tomó las riendas de director. Pero aquello de nada sirvió. Esta vez como guionista y director, Gilroy se pierde en una nebulosa cargada de detalles, giros y sub tramas que sencillamente no conducen a ninguna parte.
La película es como si fuera una imitación autorizada, pero burda y torpe de The Bourne Ultimatum, y por eso en gran parte se desarrolla como si corriera paralela a aquella.
Sin embargo, The Bourne Legacy es sólo un intento vano por crear vida más allá de Jason Bourne, y en ella Jeremy Renner interpreta a Aaron Cross, un súper agente al igual que aquél, del programa secreto de inteligencia del gobierno de Estados Unidos. Al igual que el agente Bourne, en realidad el film es casi una copia del primer capitulo de la serie, él también deberá luchar por su vida, contra las mismas fuerzas del gobierno, y Weisz será su compañera de viaje y motivo romántico de turno.
El suspenso aquí desapareció, no hay intriga ni emoción y el final, con su descaro y gratuidad lo que produce es vergüenza ajena.

