Lucy: Ni suspenso ni emoción. ¡Qué desperdicio!
El francés Luc Besson, quien fuera una vez un director que despertaba genuino interés, responsable primero de La Femme Nikita y luego de Leon: The Professional, es hoy uno de los realizadores más decepcionantes y venidos a menos.
Por supuesto, no se trata de que Besson haya perdido su fortuna, puesto que en su caso ha sucedido lo contrario: la ha aumentado considerablemente. Pero su cine es tan rabiosamente banal e inconsecuente que uno no puede sino extrañar lo que una vez pudo y no fue.
Lucy, su más reciente film es otra prueba de ello. La película comienza como una risible tontería y luego aunque en algún momento uno piensa que tiene el potencial para traspasar dicho ámbito, lo cierto es que nunca consigue salir de allí.
¿Le importa esto a su director y guionista Besson? De ningún modo. Lo suyo es hacer dinero de la forma más burda, rampante y hasta ofensiva como sea posible.
Se presume que Lucy es una turista o mejor una estudiante en Taiwán, a quien una ‘peligrosa’ y ‘terrible’ red de narcotraficantes obliga a transportar en su estómago una droga experimental que tiene a Europa como destino.
La buena o mala fortuna de Lucy se interpone en su camino, y la droga se esparce en su cuerpo, lo cual la convierte en una suerte de robot que contrario a los humanos que solo usan el 10% de su cerebro (?), ella pondrá a funcionar el suyo al máximo.
Este pseudo filosófico y existencial film de pretendida ciencia ficción es tan falso y frustrante como el oropel. Su problema es uno solo: se trata de una necedad que carece del menor sentido y de la más ínfima inspiración. Aquí no solo no hay personajes sino también ningún nivel de suspenso ni emoción.
De nada sirven la presencia de Scarlett Johansson o Morgan Freeman –este último sale mejor librado, aun con el perfil de profeta con el que habla –o la abundante acción, puesto que todo resulta tan mecánico y forzado que sencillamente aburre. ¡Qué desperdicio!
