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Cine y sociedad

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Joy: Muchas esperanzas, pero poco que celebrar –

Joy no es una mala película; tampoco es el más resonante triunfo de su director David O. Russell.

El problema con el film es que el director nunca encuentra el tono adecuado para narrar su historia, y como consecuencia el público, aunque dibuja una sonrisa aquí y otra allá, permanece por más de dos horas inmerso en un film cuyo ritmo es pesado y lánguido y su resolución crece de impacto y significado.
¿Puede haber satisfacción en semejante entorno? Por supuesto.

Donde la película falla no es en la historia que narra, sino en la forma como lo hace. Es evidente que el director O. Russell, quien coescribió la historia, inspirada en la vida de JoyMangano, se tomó demasiadas libertades con la misma, a tal extremo que en el film nunca se menciona el apellido del personaje real, por ejemplo.

Esto no hubiera tenido mayor repercusión si Russell hubiese elegido un acercamiento al relato distinto al empleado aquí. Desde su inicio Joy es introducida con una atmosfera distendida que luego se recluye en la ironía y el humor sardónico para ganar la simpatía del público.

Pero eso no es suficiente; tampoco lo es la puesta es escena del director O. Russell que se revela un tanto difusa, dispersa y a ratos contemplativa. Es por eso que en algún momento la película parece estar moviéndose en círculo sin dirigirse a ninguna parte.

Hay saltos o giros repentinos en la narración que se introducen sin que haya una transición en la trama que soporte o le de validez a los mismos. Sabemos que en el fondo lo que el director persigue es crear un film coral y diferente que reafirme su estilo. Pero la película carece de chispa, vigor y un sentido de coherencia que ponga cierto orden en la desorganizada estructura del film.

Se supone que esta es la historia de la lucha de una joven madre por salir de la pobreza, mientras asume el cuidado de su extraña y particular familia, y se le ocurre la idea para crear el mapo maravilloso o TheMiracleMop.

Sin embargo, al director Russell le resulta difícil encontrar el punto de enfoque de su relato. De ese modo, la película que avanza con parsimonia y es incapaz de generar interés, salta de una situación a otra en una estructura de ‘sketch’, sin que pueda articular con determinación su discurso narrativo.

El Nacional

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