No niego que Argo es una buena película, tal vez mucho más de lo que uno espera de alguien que todavía está en la etapa de reafirmar su talento en el campo de la dirección, como es el caso del actor/ director Ben Affleck. Pero de ahí a otorgar a esta producción la más elevada calificación y considerar la misma entre los mejores films del año, hay una insalvable distancia.
¿O es que acaso el año ha sido tan desastroso que toda buena película pertenece por derecho propio, a esta categoría?
En 1979, una turba enardecida de revolucionarios iraníes asaltó la embajada de Estados Unidos en Irán, dejando una estela de destrucción y una crisis internacional sin paralelo. En medio del desorden, seis norteamericanos lograron escapar y se escondieron en la residencia del embajador canadiense.
El tiempo pasó y aquel encierro no parecía tener fin. El riesgo de ser capturados y ejecutados sumariamente aumentaba cada día, hasta que a un agente de la CIA (Ben Affleck) se le ocurrió un plan de rescate tan descabellado que precisamente por ello, tal vez podría funcionar.
Eso es lo que cuenta el film, aunque no todo ello y sin que esto sea un defecto per se, corresponde a la verdad.
Argo mezcla ficción y realidad para componer una historia un tanto irregular: por momentos convence y genera un impactante buen nivel de suspenso, y en otros el entusiasmo se diluye y el relato se estanca.
En general la película es verosímil, en especial las secuencias de inicio y de cierre. Sin embargo, algunas situaciones, aunque se ven muy bien y heroicas en la pantalla, en realidad resultan forzadas y no muy apegadas a la lógica, como es el desenlace de la crucial secuencia en el aeropuerto, o la forma como al protagonista se le ocurre la idea de su plan de rescate.
Y por otro lado está la forma vana, gris y opaca con la que Affleck da vida al personaje. El suyo es un solo registro y es tan apático que no transmite nada, ni en un sentido ni en otro. No hay entusiasmo, energía ni vida alguna en su caracterización.
Además, la tensión y angustia del encierro tienen aquí muy poca resonancia, y los mismos personajes lucen mayormente acartonados y carentes de valor y significado.
En conclusión, Argo es un film honesto y con buenas intenciones, no tiene reparos en puntualizar el modo utilitario como opera la CIA, pero a pesar de su muy buen diseño de producción, se queda corto, muy corto de ser un film genuinamente interesante que provoca y cautiva al espectador.
