Con el tiempo Alexander Payne se ha constituido en uno de los más confiables e interesantes directores de cine norteamericanos. No es que sus films no llamaran la atención antes o que no fueran exitosos. Casi todos ellos lo fueron. Pero después de cinco películas, hay en ellas una constante que lo define: las historias que él trabaja y escribe son genuinos estudios de los irónicos vaivenes y conflictos que siempre envuelven la conducta humana.
Así sucedió en Sideways y también en About Schmidt. En The Descendants Payne no ha hecho más que refinar su tesis.
George Clooney personifica a Matt King, un exitoso abogado de Hawaii, casado y con dos hijas Alexandra de 17 años y Scottie de 10 cuya vida da un vuelco cuando una serie de desafortunados eventos en realidad algunas situaciones resultan delicada y cuidadosamente divertidas terminan por poner su mundo en perspectiva.
Matt trabaja largas horas, por lo que en su familia ha sido básicamente un ser ausente. Pero cuando su esposa sufre un accidente de bote que la deja en coma, él debe asumir entonces ciertas responsabilidades para las que no estaba preparado. Al mismo tiempo la revelación del sinuoso pasado de su esposa lo deja en shock.
Matt debe lidiar no solo con la presión psicológico de tener que tomar una decisión sobre su esposa moribunda, sino sobre todo, con su nuevo rol de padre, la angustia por saber por qué su esposa lo traicionó, y además, con la ansiedad de unos primos que no quieren esperar un día más para que él venda las inmensas tierras que heredaron de su ancestros.
Es mucha presión, y un radical cambio de vida y de estilo para alguien adicto al trabajo que apenas sabe como comunicarse con sus propias hijas. Pero a pesar de eso y de su perfil de cuasi villano, el director Payne se las ingenia para que Matt/Clooney irradie simpatía, y uno termina acompañándolo en lo que hace, piensa o quiere hacer.
Y si el guion es agudo e inteligente, y sobre todo, contenido evita los clichés y la excesiva emotividad; las actuaciones del elenco completo son simplemente maravillosas. Estas son personas de carne y hueso con las que uno ríe y se compadece. No sólo Clooney ofrece lo mejor de sí; también lo hacen Shailene Woodley, Amara Miller e incluso Robert Forster. Innegablemente, The Descendants conmueve y emociona con inusual fruición. Magnifico trabajo de dirección de Alexander Payne.

