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CINE Y SOCIEDAD

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Pálida superación equina y familiar

Secretariat no es un thriller de acción; tampoco una irresistible comedia romántica. Es tan solo un drama que postula sin mucho ánimo una consabida superación equina y familiar. Por lo tanto, ¿qué busca una película como ésta en la cartelera, seis meses después de su estreno en Estados Unidos?  Es difícil saberlo.

Producida por la Disney, cuya predilección por este tipo de historias, familiar y deportiva, y en la que el personaje central vence todo tipo de obstáculos hasta alcanzar la cima, nadie lo discute. Esta vez, sin embargo, la película se torna plana y vacía, intrascendente y ridícula.

Y todo ello a pesar de que como es sabido, el relato está basado en hechos reales. Probablemente el principal escoyo  proviene de la difícil tarea de poner en imágenes la historia de un caballo –que no habla, por supuesto– y combinar esto con los sentimientos y la determinación de su propietaria para lograr el éxito, y al mismo tiempo reivindicar el papel de la mujer en la sociedad.

Ello implica, naturalmente, que el film no está mayormente enfocado en Secretariat, y su camino a la gloria como ganador de la triple corona del hipismo –de hecho ha sido considerado como el más grande e impresionante caballo de carrera que haya existido –y sí por el contrario en la historia individual de Penney Cheney (Diane Lane)  su propietaria, y Lucien Laurin (John Malkovich), su atípico entren ador.

Tal vez, ni siquiera en esto es donde reside la debilidad de la película, sino en la convencionalidad y el desgano con la que el director Randall Wallace traslada el texto en imágenes. Es todo muy predecible y vacuo. Y en efecto, se supone que el caballo es la gran estrella del film, pero esto nunca se siente, no ‘se vive’. Solo se pretende llegar allí por medio de vistosas imágenes carentes de alma y espíritu. Hay un apreciable nivel de suspenso, durante las competencias, y algunos planos consiguen impresionar al espectador, pero en general el film no tiene mucho más que ofrecer. Lane tiene una caracterización decente, y la actuación de de Malkovich está más cerca de la caricatura excéntrica que de la creación de un personaje real.

El Nacional

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