Clint Eastwood es uno de los directores más respetados en Hollywood, pero eso no significa que la industria del cine se va a plegar ante cada película que él realice. Así quedó demostrado con J. Edgar, y lo cierto es que su film aunque no es malo, resulta francamente decepcionante.
Ahí radica probablemente la razón de por qué J. Edgar fue ignorado totalmente por la Academia. Una vida y una larga carrera tan interesante y compleja se diluye en un cúmulo de concesiones y unos postulados cuya mayor aspiración es poner en evidencia la reprimida orientación sexual del personaje.
La película narra la vida de John Edgar Hoover desde los duros y laboriosos días como primer director del FBI hasta los últimos años de su existencia, en los que se atrevía a terciarle el pulso al presidente Richard Nixon. El retrato es el de un hombre obsesionado con el poder, capaz de anteponer la imagen ante cualquier escrúpulo.
Resuenan sus ataques a los radicales comunistas, la era de la prohibición, la animadversión a los Kennedys y el caso Lindbergh, por ejemplo. Pero el film no llega nunca a emocionar o impactar vivamente. Tampoco provoca ni entusiasma, en uno u otro sentido. En su empeño por humanizar al personaje, el director Eastwood y su guionista Dustin Lance Black, terminan por empequeñecerlo. Y eso es lo peor que puede pasarle a una obra basada en un personaje histórico.
El film impresiona con su detallada ambientación y escenografía, y uno tiene que reconocer además el esfuerzo y la madurez alcanzada por Leonardo DiCaprio como actor, así como la notable caracterización de Armie Hammer como leal compañero y asistente de Hoover.
Sin embargo, uno no queda satisfecho con el letargo que por momentos impregna al film y con aquella sensación de que en la historia no pasa nada, o al menos algo que de verdad cautive e interese. Tampoco resulta efectivo el confuso rejuego de flashbacks del que hace uno el director Eastwood.
Como fundador y jefe supremo del FBI por más de 45 años, Hoover jugó un papel central y determinante en la política norteamericana durante el siglo XX. De ahí el gran potencial que concentra una historia sobre el mismo. Y es por eso precisamente que con J. Edgar uno siente que abunda el maquillaje, pero algo falta, que todo no está dicho sobre este fascinante personaje de la historia contemporánea norteamericana, y que la película aunque larga se queda corta, y no le hace honor a la grandeza o contradictoria vida de J. Edgar Hoover.

