He aquí una película que intenta recapturar la esencia de un viejo axioma aquél que postula la fuerza inconmensurable e indetenible del amor como ente capaz de derribar barreras y obstáculos ; y presentárnoslo desde una perspectiva refrescante y renovada.
¿Vale la pena el intento? Hay algunos aspectos que no quedan muy claros, y el film en toda su extensión no debe ser tomado muy en serio. A pesar de ello, la película maneja la intriga con cierta eficacia, y sobre todo, atrae y provoca al espectador adulto, al poner sobre la mesa una vez más, la eterna discusión filosófica sobre el libre albedrio en contraposición al destino o la casualidad. Es recorriendo estos linderos que la película se hace interesante.
Ahora bien, The Adjustment Bureau dista mucho de ser una gran película, y está muy lejos también de perseguir un objetivo intelectual que le proporcione consistencia a su trama. Se trata tan sólo de un pequeño film, con un par de buenas ideas, agradable y sugestivo, y unas actuaciones en conjunto bastante efectivas.
David Norris (Matt Damon) es un político joven y carismático que aspira a ganar un asiento en el senado de Estados Unidos, representando al estado de New York. Pero un hecho del pasado ¿debería esto tener tanta relevancia? se interpone en su camino, y David pierde la elección. Así que poco antes de presentar su discurso de aceptación de la derrota conoce ¿por accidente o predestinación? a la encantadora Elise (Emily Blunt), y aquello es amor a primera vista.
Sin embargo, hay un problema: un misterioso grupo de hombres de negro que también usan sombreros, le informan a David que Elise y él no fueron creados para estar juntos, y por lo tanto, debe olvidarse de ella y proseguir su carrera política. Su recompensa podría ser la posición política más alta de la nación. Pero si no sigue las reglas, el castigo podría ser severo: el sería reprogramado.
Pese a que The Adjustment Bureau es la adaptación de una historia corta de ciencia ficción del escritor Philip K. Dick (Blade Runner, Minority Report), el director y guionista George Nolfi prefirió más bien dejar de lado la fantasía futurista, y desarrollar el film fundamentalmente como una historia de amor. Por fortuna, la estrategia funcionó, en gran parte gracias a la identificación y compenetración que evidencian los dos personajes centrales.

