¿Qué Pasa?

Cine y sociedad

Cine y sociedad

¿Es apropiado y pertinente establecer comparaciones y  pugilatos entre la televisión y el cine? Y si así fuera, ¿Quién marcha al frente en la carrera por el favor del público? ¿Es valida la comparación entre el film mudo “The Artist”, ganador del Oscar como mejor película el pasado marzo, y la serie de televisión ‘Mad Men’?

La edición de mayo de la revista Vanity Fair trajo en su portada y como artículo central, un interesante trabajo de James Wolcott en el que este postula el estancamiento y decadencia del cine, en contraposición al resurgimiento y preferencia del público por la televisión. En especial, por las comedias y series televisivas.

El periodista Wolcott dice dos o tres verdades sobre la monotonía y uniformidad en el cine, el reinado aparentemente interminable del vano y prescindible cine  franquicia y el uso y abuso de unos efectos especiales, en ocasiones tan impresionantes como rabiosamente ficticios e inverosímiles.

Sin embargo, embriagado por la borrachera de una serie de indiscutibles éxitos  –“30 Rock”, “Modern Family”, “The Big Bang Theory”, “Downton Abbey”, “The Office’, “Curb Your enthusiasm”, etc. – el columnista  Wolcott no sólo perdió de vista la particular naturaleza de cada medio (lo que imposibilita la comparación), sino sobre todo el hecho de que ambos se nutren y se complementan en una dinámica constante.

Y en todo caso, ¿es ésta racha de triunfos algo nuevo y aislado? ¿Dónde quedan entonces los logros y conquistas alcanzados por “The Sopranos”, “I Love lucy”, “The Simpsons”, “The West Wing”, “Friends” y otras? ¿O es que acaso ya olvidamos lo que fue capaz de establecer “Dallas”?

En la constante lucha que tanto el cine como la televisión tienen que librar contra una serie de influencias, y medios electrónicos, redes sociales, etc.; el cine tiene mucho más que perder que la televisión. Esta última es el centro predilecto de entretenimiento, ¿o el segundo después de la computadora?

Ahora bien, de ahí a declarar su superioridad sobre el cine implica un atrevimiento y un desconocimiento irritante de la magnificencia y grandilocuencia  que es capaz de generar el llamado Séptimo Arte.

¿Se atrevería alguien a negar el impacto e influencia social y cultural de películas como “The Godfather”, “Star Wars”, “Love Story”, “Apocalypse Now” y “Taxi Driver”, por ejemplo?  ¿Y que me dicen de la inconmensurable influencia de la actriz Audrey Hepburn, quien con el film  “Breakfast at Tiffany’s”  se estableció, hasta el día de hoy, como uno de los más grandes íconos de la moda?

Nadie puede negar el paso del tiempo y los avances de la tecnología, pero no hay nada comparable como visionar en pantalla grande, en la oscuridad y complicidad de la sala de cine, la espectacularidad y genuina emoción que puede llegar a despertar un film, con una historia tan dramática y reveladora como dinámica y compleja es la vida misma.

El Nacional

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