¿Qué Pasa?

CINE Y SOCIEDAD

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Príncipe de Persia:

¡Qué desperdicio!

Como consecuencia del inmenso éxito económico obtenido por ‘Piratas del Caribe’ y sus secuelas, el productor del aquellas  –Jerry Bruckheimer–  y la Walt Disney Pictures de nuevo han intentado asaltar las mentes de chiquillos y adolescentes con un estrafalario espectáculo de ensueño y alucinación.

Aquella, basada en un parque temático de Disney, contó con el natural y exultante carisma de Johnny Depp como el capitán  Jack Sparrow, y ésta adaptada de una serie de video juegos, ha contado con un Jake Gyllenhaal bastante atlético, pero completamente perdido entre las barahúndas y acrobacias de una trama que sigue la ruta de films como “El Ladrón de Bagdad”, “La Momia” y hasta “Indiana Jones”, mientras se dirige a todo galope a ninguna parte. La historieta tiene lugar en la antigua Persia durante los tiempos del rey Sharaman. Allí, su hermano, (Ben Kingsley); sus dos hijos (Richard Coyle y Tony Kebbell) y su hijo adoptivo (Jake Gyllenhaal) juegan al gato y el ratón en una maraña zumbante que mezcla traición, acción y romance, como si de un juego de niños se tratara.

La trama, la cual es imposible de seguirle el rastro, porque carece de gracia e inspiración, y no hay nada allí que la sostenga, da tumbos de un lado a otro sin detenerse ante nada. Todo se reduce a mantener una daga mágica, con poderes que permiten viajar en el tiempo, libre de que caiga en manos inescrupulosas.

Tal vez los niños puedan encontrar entretenidas todas estas piruetas y volteretas sin sentido, pero es increíble cómo una película cuyo costo fue de unos 200 millones de dólares, cuente con unos efectos visuales tan obvios y mediocres.

‘Príncipe de Persia’ carece de todo brillo, y en términos creativos es una perdida de tiempo y esfuerzo que ni siquiera puede compararse con los ridículos logros de las insoportables secuelas de ‘Piratas del Caribe’. Tal vez haya que dar crédito al director Mike Newell por que la puesta en escena del film es bastante similar a la de un juego de video. El único problema es que no disponemos del control para saltarnos la parte inocuo e insípida –que es casi toda la película. ¡Qué desperdicio! Con su magnética personalidad, Alfred Molina, es el único que consigue casar la cara por la película.

El Nacional

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